El estrés es la reacción del organismo ante una situación o estímulo que nos provoca una fuerte ansiedad o miedo. En el pasado, como resultado de la evolución, desarrollamos mecanismos de defensa que dieron lugar a un comportamiento específico de nuestro organismo cuando se exponía al estrés. Esta respuesta nos permitió sobrevivir en condiciones extremas y reaccionar con rapidez ante entornos cambiantes y amenazas repentinas. Cuando estamos sometidos a estrés, se segregan en la sangre hormonas como la adrenalina y la noradrenalina, a consecuencia de las cuales el ritmo cardíaco se acelera, la respiración se vuelve muy rápida y superficial, las pupilas se dilatan. El corazón bombea más oxígeno con la sangre a los músculos, preparándonos para reaccionar rápidamente y actuar de inmediato. Es como si todo nuestro cuerpo quisiera estar preparado para luchar o huir en un instante. En el pasado, este mecanismo permitió a nuestros antepasados sobrevivir en condiciones extremas. Incluso hoy, cuando tenemos que actuar instintivamente en una situación de emergencia, este proceso se desencadena y puede salvarnos la vida o la salud. A veces, ante una situación estresante, nos resulta más fácil movilizarnos. Algunas personas buscan específicamente «sensaciones fuertes» para sentir la adrenalina, para liberar las emociones que experimentamos en condiciones extremas. Si las situaciones estresantes se producen con poca frecuencia, nuestro cuerpo las afronta. Sin embargo, en el mundo civilizado actual, en el que estamos sobrecargados de información, el estrés adopta a menudo la forma de una amenaza constante, más relacionada con la esfera mental que con la física. Esta forma de estrés que nos acompaña durante mucho tiempo no nos permite funcionar con normalidad. Al cabo de un tiempo, puede provocar debilidad e incluso agotamiento. A veces este estado de estrés dura más, no sólo un día o una semana, sino incluso semanas o meses. Nuestro cuerpo no está preparado para ello. Un estrés tan prolongado es muy perjudicial para nosotros.

Los efectos de la adrenalina y la noradrenalina durante el estrés se ven aumentados por el cortisol, que también eleva los niveles de glucosa en sangre.Cuando actuamos bajo una presión intensa durante un periodo de tiempo prolongado en condiciones que nos exponen a un estrés grave, nuestro cuerpo segrega niveles más altos de cortisol, que es una hormona segregada por la corteza suprarrenal. Tiene un efecto muy importante en el cuerpo humano. Afecta al metabolismo de los hidratos de carbono y las proteínas, y al metabolismo del agua y los electrolitos (retiene la sal en el organismo y aumenta la excreción de potasio). También presenta efectos antiinflamatorios (alivia la inflamación y las alergias) e inmunosupresores (debilita el sistema inmunitario). También eleva la tensión arterial, aumenta la secreción de jugos gástricos y provoca la liberación de calcio de los huesos. Los niveles de cortisol se mantienen en concentraciones más elevadas por la mañana y se estabilizan durante el día. Sin embargo, en las personas expuestas al estrés durante largos periodos de tiempo, los niveles elevados de cortisol en el organismo pueden persistir durante todo el día. Cuando los niveles de cortisol permanecen demasiado elevados en nuestro organismo durante un periodo prolongado, pueden producirse consecuencias negativas para nosotros:

  • aumentan los niveles de glucosa en sangre,
  • aumenta la tensión arterial, lo que puede provocar una sobrecarga cardíaca,
  • disminuye la inmunidad,
  • el tejido conjuntivo de la piel se debilita y los signos del envejecimiento aparecen más rápidamente. Por eso decimos coloquialmente que el estrés daña la belleza,
  • puede haber un problema de aumento de peso,
  • problemas de sueño,
  • Reducción de la absorción de proteínas,
  • Debilitamiento de la fuerza muscular,
  • nos volvemos aún más susceptibles al estrés

Y el círculo se cierra.

El cortisol en sí es una hormona extremadamente importante para nosotros. Nuestro cuerpo siempre estará produciéndola.
Sin embargo, sus altos niveles no deben mantenerse durante largos periodos de tiempo. El estrés crónico, causado por problemas en el trabajo, en la vida en general, sueño insuficiente, puede conducir a niveles persistentemente altos de esta hormona en el organismo. ¿Puede ser peligroso para nosotros este estado de cosas? Pues sí. Sé por experiencia propia entre mis allegados cómo el estrés a largo plazo puede tener un efecto devastador en el organismo. Entonces, ¿podemos hacerle frente? Por supuesto, hay muchas formas naturales de tratar el estrés, pero hablaré de ello en mi próximo post.